7.10.26

Otra vez.

Qué poco hubiera costado decir que simplemente no querías conmigo, y no hubiera pasado nada. Qué poco hubiera costado ser sincero y decir que te lo quieres pasar bien simplemente, en vez de decir “quiero estar solo”, “no es que no quiera estar contigo, es que no quiero estar con nadie”. Qué poco hubiera costado que me dijeras lo que me suelen decir “que soy intensa” y ya está. Que no querías comprometerte, al menos no conmigo. Alguna excusa. Algo que me responsabilice a mi.  

Qué idiota me siento, otra vez. 


Qué idiota me siento, por querer intentar cuadrar algo aunque te fueras.


Qué idiota me siento por quitarme turnos los fines de semana por si acaso te apetecía que fuera o cambiaras de opinión y quisieras venir.


Qué idiota me siento por pensar que realmente iba a merecer la pena el esfuerzo que yo sí que quería hacer. 


Qué idiota me siento por creer que podía hacerte cambiar de opinión. 


Qué idiota me siento, como siempre. 


Qué idiota me siento por sentirme idiota. No aprendo.


Qué idiota me siento por sentir demasiadas cosas por ti en tan poco tiempo y en tan malas circunstancias.


Qué idiota me siento por pensar que te iba a llegar a gustar. 


Qué triste me siento por pensar que iba a ir contigo hast(a)Marte. Y qué pena, que no pueda ni intentarlo.



No creo que leas esto, pero si lo haces, tranquilo, no habrán más. Pensaba utilizar esto para comunicarme contigo indirectamente, pero ahora ya no. No me gusta que me hagan sentir de menos. 

29.9.26

Again.

Ayer se casó mi mejor amiga y me di cuenta de que no quiero perder más el tiempo.

No quiero seguir conociendo personas a medias.


No quiero conversaciones que empiezan con ilusión y terminan cuando alguien decide que ya no le apetece conocerme un poco más.


No quiero volver a preguntarme qué habría pasado si los dos hubiéramos tenido las mismas ganas.

Porque qué pena, ¿no?

Qué pena encontrar a alguien con quien podrías llegar a sentir algo bonito y que todo se quede en nada simplemente porque la otra persona no tiene ganas de intentarlo.

Ni siquiera de intentarlo.

Y quizá eso es lo que más duele. No que no funcione. No que no seas tú. No que no haya amor. Duele que ni siquiera exista la oportunidad de descubrirlo.

Porque yo sí quiero descubrirlo.

Quiero conocer a alguien despacio, pero de verdad. 

Quiero saber qué le hace reír cuando está cansado, qué canción escucha cuando está triste, cómo le gusta que le quieran. Quiero conocer sus manías, sus domingos, sus silencios y esa versión suya que no enseña a cualquiera.

Quiero que alguien tenga ganas de quedarse el tiempo suficiente como para que podamos averiguar si lo nuestro podría ser algo.

Últimamente siento que siempre me encuentro con chicos quieren mis mimos, mis conversaciones, mis besos, mis “preocuparme por él”, mi “sentirse “cuidado o apoyado”, mis noches… pero no quieren conocer mi corazón.

Y llega un momento en el que cansa. Y llevo más de tres años cansada. 

Cansa sentir que cuando tú empiezas a imaginar un nosotros, la otra persona ya está buscando la salida.

Por eso he dejado de creer un poco en el amor.

No porque no quiera enamorarme.
Precisamente porque quiero hacerlo demasiado.

Porque después de ver a Vane casarse, de verla mirar a alguien y saber que ha elegido compartir su vida con él, me reafirmé en lo que siempre he pensado,  yo también quiero eso.

Quiero dejar de perder el tiempo con personas que no saben si me quieren en su vida.

Quiero a alguien que tenga ganas de intentarlo incluso sin saber cómo termina. Que no tenga miedo a arriesgar. 

Alguien que no necesite prometerme para siempre, pero que al menos quiera quedarse mañana.

Y quizá el problema nunca fue que yo no creyera de nuevo en el amor.

Quizá simplemente estaba cansada de creer sola.

Yo ya no quiero conformarme con historias que ni siquiera llegan a empezar.

Quiero una historia.

Mi historia. 



Pd: y sí, si lo lees, créeme , se puede echar de menos a alguien con el que ni siquiera has podido llegar a empezar. Al menos en mi cerebro si.