29.9.26

Again.

Ayer se casó mi mejor amiga y me di cuenta de que no quiero perder más el tiempo.

No quiero seguir conociendo personas a medias.


No quiero conversaciones que empiezan con ilusión y terminan cuando alguien decide que ya no le apetece conocerme un poco más.


No quiero volver a preguntarme qué habría pasado si los dos hubiéramos tenido las mismas ganas.

Porque qué pena, ¿no?

Qué pena encontrar a alguien con quien podrías llegar a sentir algo bonito y que todo se quede en nada simplemente porque la otra persona no tiene ganas de intentarlo.

Ni siquiera de intentarlo.

Y quizá eso es lo que más duele. No que no funcione. No que no seas tú. No que no haya amor. Duele que ni siquiera exista la oportunidad de descubrirlo.

Porque yo sí quiero descubrirlo.

Quiero conocer a alguien despacio, pero de verdad. 

Quiero saber qué le hace reír cuando está cansado, qué canción escucha cuando está triste, cómo le gusta que le quieran. Quiero conocer sus manías, sus domingos, sus silencios y esa versión suya que no enseña a cualquiera.

Quiero que alguien tenga ganas de quedarse el tiempo suficiente como para que podamos averiguar si lo nuestro podría ser algo.

Últimamente siento que siempre me encuentro con chicos quieren mis mimos, mis conversaciones, mis besos, mis “preocuparme por él”, mi “sentirse “cuidado o apoyado”, mis noches… pero no quieren conocer mi corazón.

Y llega un momento en el que cansa. Y llevo más de tres años cansada. 

Cansa sentir que cuando tú empiezas a imaginar un nosotros, la otra persona ya está buscando la salida.

Por eso he dejado de creer un poco en el amor.

No porque no quiera enamorarme.
Precisamente porque quiero hacerlo demasiado.

Porque después de ver a Vane casarse, de verla mirar a alguien y saber que ha elegido compartir su vida con él, me reafirmé en lo que siempre he pensado,  yo también quiero eso.

Quiero dejar de perder el tiempo con personas que no saben si me quieren en su vida.

Quiero a alguien que tenga ganas de intentarlo incluso sin saber cómo termina. Que no tenga miedo a arriesgar. 

Alguien que no necesite prometerme para siempre, pero que al menos quiera quedarse mañana.

Y quizá el problema nunca fue que yo no creyera de nuevo en el amor.

Quizá simplemente estaba cansada de creer sola.

Yo ya no quiero conformarme con historias que ni siquiera llegan a empezar.

Quiero una historia.

Mi historia. 



Pd: y sí, si lo lees, créeme , se puede echar de menos a alguien con el que ni siquiera has podido llegar a empezar. Al menos en mi cerebro si.